Hello from Thailand!

Hello from Thailand! I like the fact that I’m writing from a place that is so far away from home. If you’re asking yourself where is home, let me tell you that I moved from Madrid to Miami some months ago, so South Florida is my new home. My family still lives in Argentina, and my dreams and love ones are spread around the world.

I’ve been in this hot and humid country for ten days already. This is my third visit to the kingdom but it’s my first visit during the ruling of new king Maha Vajiralongkorn. His father, king Bhumibol Adulyadej, passed away last October. I’m happy that my first post on this blog will be from here.

During my days in Bangkok, I visited the Royal Palace and the Wat Pho temple (Reclining Buddha’s temple). Both of them along with the Wat Arun (Sunrise’s temple) are the three more touristic places in the capital. I also took the famous river tour in the waters of the Chao Phraya, another attraction just for tourists. When I took the same tour on 2010, I promised myself not to do it again, and this second time only helped me to enforce the same thing: there won’t be a third time. The river is so dirty and the tour just shows you the miseries of the city. What I liked the most about my days in Bangkok were my lunches and dinners in a little Thai restaurant called Feuang Nara. I love Thai food and this placed cooked delicious dishes. My favorites ones were “green curry with chicken” and “pad-thai with prawns”.

The third day, I traveled to Phuket. I had heard wonderful comments about this province. However, I think I should have gotten a villa like my friend did in order to be able to gaze the same wonders. I did not like Phuket as much as I expected. The most famous beach, Patong, is very ugly. Very dirty! The intense smells in Thailand are very common but this area won all the odor’s awards. The best beaches are in the North: Bangtao, Kamala and Surin. They are not a big thing though. I regret that I did not visit Koh Samui island as a Turkish back-packer suggested me. His pictures looked amazing, but the island was on the other side, in the East coast of Phuket. Luckily, not to far from the beach, you can find elephants and I had a great time feeding them.

My fifth sunrise surprised me at the Phi Phi Islands. To get here, you have to take a ferry from Phuket pier and the journey takes two hours. I was so excited as we were getting closer. Getting off the boat was a chaos but I knew it was going to be like that. There were too many people on board. The strong odors kept bothering my walk through the island’s little streets but it seemed that I was getting used to. Koh Phi Phi Don (the biggest island of the island chain) is full of young tourists and it has an informal and casual atmosphere. Dressing up was not something that mattered. Neither was brushing their hair. Maybe the 85ºF and the humidity had something to do with it. In the evening there were bars with parties, live music and some drunk folks. During day time many people took some tours to the other islands where it’s possible to scuba dive and go snorkeling, or just go to the beach.

The Phi Phi Princess hotel was the best option to stay in the island. The food was pretty good and it had a big pool facing the ocean. The tide went up during the morning bringing the water very close to the hotel. At that time the landscape was very beautiful. The mix between the blue sea, the white sand and the green of the mountains reflected a paradise. In the afternoon the water went down and the canoes that were too close to the shore were left buried in the sand. Unfortunately dogs were not allowed in the resort so Matilda had to stay in another hotel up in the hill. I had to go up and down a couple of times a day to check on her and give her a walk.

Asian cultures are very fascinating and it’s worth to discover them. I have enough at the moment but I’m already thinking of Japan for my next adventure.

¡Hola desde Tailandia!

¡Hola desde Tailandia! Me gusta estar escribiendo desde tan lejos de casa. Si se preguntan dónde es casa, les cuento que hace unos meses me he mudado de Madrid a Miami, así que el sur de Florida es mi nuevo hogar. Mi familia sigue viviendo en Argentina, y mis sueños y afectos siguen desparramados por el mundo.

He estado en este caluroso y húmedo país durante diez días. Ésta es mi tercera visita al reino, aunque es mi primera visita durante el mandato del nuevo rey Maha Vajiralongkorn. Su padre, el rey Bhumibol Adulyadej, falleció el pasado octubre. Me encanta que la primera entrada en este blog sea desde aquí.

Durante mi estadía en Bangkok, visité el Palacio Real y el templo Wat Pho (templo del Buda Reclinado). Junto al templo Wat Arun (templo del Amanecer) son los tres lugares más turísticos de la capital. También hice el famoso paseo por el río Chao Phraya, otra atracción solo para turistas. Cuando lo tomé en el año 2010, me había prometido no repetirlo, y esta segunda vuelta solo me sirvió para reforzar esa postura: no habrá una tercera vez. El río está súper sucio y solo sirve para ver las miserias de la ciudad. Lo que más me gustó de mi estadía en Bangkok fueron mis almuerzos y cenas en un pequeño restaurante tailandés llamado Feuang Nara. Me encanta la comida tailandesa y este lugar hacía unos platos exquisitos. Mis favoritos fueron el “curry verde con pollo” y el “pad-thai con langostinos”.

El tercer día, viajé a Phuket. Me habían hablado maravillas de esta provincia. Seguramente tendría que haber conseguido una villa como la de mi amigo para contemplar la misma belleza. Phuket no me gustó tanto como esperaba. La playa mas famosa, Patong, es un espanto. ¡Súper sucia! Los olores intensos por las calles de Tailandia son muy comunes pero este área se llevó todos los premios. Las mejores playas están al norte: Bangtao, Kamala y Surin. Pero tampoco son la gran cosa. Me arrepentí de no haber visitado la isla de Koh Samui como me recomendó un mochilero turco. Sus fotos se veían preciosas, pero quedaba del otro lado, en la costa este de Phuket. Por surte, no muy lejos de la playa estaban los elefantes y me divertí mucho alimentándolos.

El quinto amanecer me sorprendió en las islas Phi Phi. Para llegar, hay que tomarse un ferry desde el puerto de Phuket y el viaje dura dos horas. Estaba muy emocionada cuando nos aproximábamos. Bajar del barco fue caótico pero me lo esperaba. Había mucha gente a bordo. Los olores seguían perturbando mi andar por las pequeñas calles de la isla pero parecía que me iba acostumbrando. Koh Phi Phi Don (la isla más grande del archipiélago) está llena de turistas jóvenes y gobernada por un clima informal y casual. A nadie parecía importarle vestirse bien. Ni si quiera peinarse. Seguramente los 35ºC y la humedad tenían algo que ver. Por las noches había bares con fiestas, música en vivo y gente borracha. Por el día muchos optaban por hacer excursiones a las otras islas más pequeñas donde se peude bucear y hacer snorkeling , o simplemente ir a la playa.

El hotel Phi Phi Princess era la mejor opción para quedarse en la isla. La comida estaba bastante rica y tenía una piscina grande frente al mar. La marea subía durante la mañana trayendo el agua muy cerca del hotel. Entonces ocurría el paisaje más bello. La mezcla del mar azul, la arena blanca y el verde de las montañas reflejaban un paraíso. Por las tardes el agua se alejaba dejando enterradas algunas canoas que se acercaban mucho a la orilla. Desafortunadamente los perritos no estaban permitidos en el resort así que Matilda se tuvo que quedar sola en otro hotel cerca de la colina. Yo tenía que subir y bajar un par de veces al día para verla y sacarla a pasear.

Las culturas asiáticas son fascinantes y vale la pena descubrirlas. Yo de momento tuve suficiente, aunque estoy apuntando a Japón para mi próxima aventura.