A dog, the bunny and by horse

Every April 29 Argentinians celebrate the day of the animals. What a coincidence that I started to write this zoological entry on that day! The first time my mom asked me what I wanted to be when I was old I said “a vet.” Then the winds of life pushed me from side to side, learning more about Social Sciences and about Art than any biological stuff. However, the love for the living beings with whom we share this wonderful world has remained intact in my heart since I embraced my first puppy. In one way or another, last month has been a chapter of my life with many animals as protagonists.

The dog. Some of you, like my best friend already did, will call me crazy, but last Friday I was sitting on a four-hour flight to Denver where one of the dog breeders that I wanted to meet lives. Her name is Sandy. I’ve been thinking about going there for months now, and I decided that Matilda needed a little brother, and that I wanted to enlarge my family. My mother keeps insisting that what my life needs – though I think her life needs it more – is a bipedal child with a prehensile hand who also goes to school, but I’m not ready for that step yet. My mom will have to wait a long time for that to happen. Maybe five or ten years. At the moment I will live happily with Matilda and Valentino. Valentino: that’s the name I’ve chosen for my new baby dog. Matilda will be very jealous at first because I have spoiled her too much since we lived together – she has just received, for example, a portrait of herself painted by an artist from California! – but I know she will learn to share the house, our bed and my love. At the end, she is a very good girl.

The bunny. On Sunday, April 16, I celebrated my first Easter in the United States. Since the beginning of spring in the North Hemisphere, I’d seen all the stores fill with Easter chocolate eggs and rabbits. I am not very religious but I always say that any reason is good to celebrate. The party was great. As it is common in the city where I live, I was invited to a very glamorous and fantastic celebration in Hibiscus Island. The dress code was very predictable: bunny girls.The invitation made it very clear: “Bunny costume or bikini with ears and tail. Colors allowed: pink, white and light blue. No black please! “. Since I got the invitation I knew I was going and I’m very happy that I did. It was a lot of fun. The guests began arriving at 4pm. Two handsome boys were receiving people at the entrance. The house was decorated with balloons, hearts and inflatable bunnies. Two girls with blond hair like the sun took care of the bar and a very busy chef ran his crepe stall next to the pool. There was an exclusive bar of champagne and a DJ who led the fun. Dancing and laughing under an orange sky, watching the sunset was amazing. The men were crazy to see so many pretty ladies having a blast and the girls enjoyed being bunnies for one night. A drone recorded everything from the air and the photos revealed, a day later, the amount of ears, crepes, nonsense and exposed skin – which, by the way, was a lot. Not bad for a Sunday in Miami.

The horse. “Biondetta means the devil in love,” said the owner of the gray steed with which I was photographed few days ago. It is such a beautiful animal that I wanted to bring it with me. All horses are beautiful, but I had such an incredible chemistry with this clot that we worked great together. That good energy made him even more stunning. The photo shoot was in Wellington, a very select area of farms and stables in Florida, near West Palm Beach. They made me an “avatar-like” braided hairstyle and the makeup artist took two hours to paint my whole body with a silver liquid   using a tiny sponge. Although the stable was very close to the hotel that the production chose to make all the preparation, those few minutes in the car were very long. I was put in the back of the SUV with the task of not letting any part of the vehicle touch me until we arrived. Every curve made me value my yoga classes even more. When we arrived at the Grand Prix Village the wind that blew my face reminded me of the air I breathed in my childhood: fresh and country-scented. When I was about to take the first step, a collaborator ran up to me to try to cover my body with a towel to avoid the surprise of some workers. I had not ridden a horse for years. I must admit that I was a little scared at first, but I did not let that feeling rule me. When I was in front of the animal I asked for a moment alone with him to meet him, talk to him and caress him. It was love at first sight and the rest was done very easily. The session was a precious dream, naked on a horse that for a moment I imagined could become a prince.

Un perro, el conejo y a caballo

En Argentina, cada 29 de abril se celebra el día de los animales. ¡Qué coincidencia que haya empezado a escribir esta entrada tan zoológica justo ese día! La primera vez que mi mamá me preguntó que quería ser cuando fuera grande le dije “veterinaria”. Luego los vientos de la vida me fueron empujando de un lado a otro, volcándome más en las Ciencias Sociales y en las artes que en los estudios biológicos. Sin embargo, el amor por los seres vivos con quienes compartimos este maravilloso mundo se quedó intacto en mi corazón desde que abracé a mi primera mascota. De alguna u otra manera, el mes que pasó ha sido un capítulo de mi vida con protagonistas animales.

El perro. Algunos, como mi mejor amigo ya lo hizo, me llamaran loca, pero el viernes pasado estuve sentada en un vuelo de cuatro horas a Denver donde vive una de las criadoras de perros que quería conocer. Se llama Sandy. Hace meses que lo venía pensando y decidí que Matilda necesitaba un hermanito, y yo, agrandar mi familia. Así que decidí ir a Colorado por un día solo a conocer los cachorros y cómo viven. Mi madre sigue insistiendo en que lo que mi vida necesita – aunque creo que más la de ella – es un hijo bípedo, con mano prensil y que vaya a la escuela, pero aún no estoy preparada para ese semejante paso. Creo que tendrá que esperar bastante para que eso ocurra. Tal vez unos cinco o diez años. De momento viviré feliz con Matilda y Valentino. Valentino: así se llamará mi nuevo bebé. Matilda va a estar muy celosa al principio porque la he consentido demasiado desde que vivimos juntas – ¡Acaba de recibir, por ejemplo, un retrato suyo pintado a óleo por un artista de California! – pero sé que aprenderá a compartir la casa, nuestra cama y mi amor. En el fondo es una muy buena niña.

El conejo. El domingo 16 de abril festejé mis primeras pascuas en los Estados Unidos. Desde que empezó el mes de la primavera boreal había visto todas las tiendas llenarse de huevos y conejos de chocolate. Yo no soy muy religiosa pero siempre digo que cualquier motivo es bueno para celebrar. La fiesta estuvo estupenda. Como no puede ser de otra manera en la ciudad donde vivo, fui invitada a una celebración muy divertida y con mucho glamour en Hibiscus Island. El código de vestimenta era muy predecible: chicas de conejitas. La invitación lo ponía muy claro: “Traje de conejita o bikini con orejas y cola. Colores permitidos: rosa, blanco y celeste. ¡No negro por favor!”. Desde el primer momento dije que iría y qué suerte que así fue. Los invitados empezaron a llegar a las cuatro de la tarde. Dos muchachos apuestos recibían a la gente en la entrada. La casa estaba llena de globos, corazones y conejos inflables. Dos chicas con cabellos rubios como el sol se encargaban de la barra y un chef muy ocupado dirigía su puesto de crepés al lado de la piscina. Había una barra exclusiva de champaña y un DJ que se encargó de toda la diversión. El atardecer en la isla bailando y riendo fue estupendo. Los hombres estaban maravillados de ver tantas mujeres apuestas y las chicas disfrutamos de ser conejitas por una noche. Un drone grabó todo desde el aire y las fotos revelaron, un día más tarde, la cantidad de orejas, crepés, tonteras y piel expuesta – Que por cierto, fue mucha -. Nada mal para un domingo en Miami.

El caballo. “Biondetta significa diablo enamorado”, me dijo el dueño del corcel gris con el que me fotografiaron hace unos días. Era un animal precioso. Todos los caballos lo son, pero con este potro logramos tener una química increíble para trabajar que esa energía lo hacía aún más bello. La sesión de fotos fue en Wellington, una zona de granjas y establos muy selecta de Florida, cerca de West Palm Beach. Me hicieron un peinado trenzado muy al estilo “avatar” y la maquilladora tardó dos horas en pintar todo mi cuerpo de plateado con ayuda de una esponja. A pesar de que el establo estaba muy cerca del hotel donde la producción eligió realizar todos los preparativos, esos pocos minutos en coche fueron larguísimos. Me metieron en la parte trasera del todo terreno con la consigna de no dejar que ninguna parte del vehículo me tocara hasta llegar. Cada curva hizo que valorará aún más mis clases de yoga. Cuando llegamos al Gran Prix Village el viento que me sopló el rostro me hizo recordar el aire que respiraba en mi infancia: fresco y con olor a campo. Cuando iba a dar el primer paso, un colaborador corrió hacia mí para intentar cubrirme con una toalla y evitar la sorpresa de algunos trabajadores. Hacía años que no montaba un caballo. Debo de reconocer que primero tuve un poco de miedo pero no dejé que ese sentimiento me gobernara. Cuando estuve frente al animal pedí un momento a solas con él para conocerlo, hablarle y acariciarlo. Fue amor a primera vista y el resto fue “pan comido”. La sesión fue un sueño precioso, desnuda sobre un un caballo que por un instante imaginé que podría convertirse en príncipe.

Hello from Thailand!

Hello from Thailand! I like the fact that I’m writing from a place that is so far away from home. If you’re asking yourself where is home, let me tell you that I moved from Madrid to Miami some months ago, so South Florida is my new home. My family still lives in Argentina, and my dreams and love ones are spread around the world.

I’ve been in this hot and humid country for ten days already. This is my third visit to the kingdom but it’s my first visit during the ruling of new king Maha Vajiralongkorn. His father, king Bhumibol Adulyadej, passed away last October. I’m happy that my first post on this blog will be from here.

During my days in Bangkok, I visited the Royal Palace and the Wat Pho temple (Reclining Buddha’s temple). Both of them along with the Wat Arun (Sunrise’s temple) are the three more touristic places in the capital. I also took the famous river tour in the waters of the Chao Phraya, another attraction just for tourists. When I took the same tour on 2010, I promised myself not to do it again, and this second time only helped me to enforce the same thing: there won’t be a third time. The river is so dirty and the tour just shows you the miseries of the city. What I liked the most about my days in Bangkok were my lunches and dinners in a little Thai restaurant called Feuang Nara. I love Thai food and this placed cooked delicious dishes. My favorites ones were “green curry with chicken” and “pad-thai with prawns”.

The third day, I traveled to Phuket. I had heard wonderful comments about this province. However, I think I should have gotten a villa like my friend did in order to be able to gaze the same wonders. I did not like Phuket as much as I expected. The most famous beach, Patong, is very ugly. Very dirty! The intense smells in Thailand are very common but this area won all the odor’s awards. The best beaches are in the North: Bangtao, Kamala and Surin. They are not a big thing though. I regret that I did not visit Koh Samui island as a Turkish back-packer suggested me. His pictures looked amazing, but the island was on the other side, in the East coast of Phuket. Luckily, not to far from the beach, you can find elephants and I had a great time feeding them.

My fifth sunrise surprised me at the Phi Phi Islands. To get here, you have to take a ferry from Phuket pier and the journey takes two hours. I was so excited as we were getting closer. Getting off the boat was a chaos but I knew it was going to be like that. There were too many people on board. The strong odors kept bothering my walk through the island’s little streets but it seemed that I was getting used to. Koh Phi Phi Don (the biggest island of the island chain) is full of young tourists and it has an informal and casual atmosphere. Dressing up was not something that mattered. Neither was brushing their hair. Maybe the 85ºF and the humidity had something to do with it. In the evening there were bars with parties, live music and some drunk folks. During day time many people took some tours to the other islands where it’s possible to scuba dive and go snorkeling, or just go to the beach.

The Phi Phi Princess hotel was the best option to stay in the island. The food was pretty good and it had a big pool facing the ocean. The tide went up during the morning bringing the water very close to the hotel. At that time the landscape was very beautiful. The mix between the blue sea, the white sand and the green of the mountains reflected a paradise. In the afternoon the water went down and the canoes that were too close to the shore were left buried in the sand. Unfortunately dogs were not allowed in the resort so Matilda had to stay in another hotel up in the hill. I had to go up and down a couple of times a day to check on her and give her a walk.

Asian cultures are very fascinating and it’s worth to discover them. I have enough at the moment but I’m already thinking of Japan for my next adventure.

¡Hola desde Tailandia!

¡Hola desde Tailandia! Me gusta estar escribiendo desde tan lejos de casa. Si se preguntan dónde es casa, les cuento que hace unos meses me he mudado de Madrid a Miami, así que el sur de Florida es mi nuevo hogar. Mi familia sigue viviendo en Argentina, y mis sueños y afectos siguen desparramados por el mundo.

He estado en este caluroso y húmedo país durante diez días. Ésta es mi tercera visita al reino, aunque es mi primera visita durante el mandato del nuevo rey Maha Vajiralongkorn. Su padre, el rey Bhumibol Adulyadej, falleció el pasado octubre. Me encanta que la primera entrada en este blog sea desde aquí.

Durante mi estadía en Bangkok, visité el Palacio Real y el templo Wat Pho (templo del Buda Reclinado). Junto al templo Wat Arun (templo del Amanecer) son los tres lugares más turísticos de la capital. También hice el famoso paseo por el río Chao Phraya, otra atracción solo para turistas. Cuando lo tomé en el año 2010, me había prometido no repetirlo, y esta segunda vuelta solo me sirvió para reforzar esa postura: no habrá una tercera vez. El río está súper sucio y solo sirve para ver las miserias de la ciudad. Lo que más me gustó de mi estadía en Bangkok fueron mis almuerzos y cenas en un pequeño restaurante tailandés llamado Feuang Nara. Me encanta la comida tailandesa y este lugar hacía unos platos exquisitos. Mis favoritos fueron el “curry verde con pollo” y el “pad-thai con langostinos”.

El tercer día, viajé a Phuket. Me habían hablado maravillas de esta provincia. Seguramente tendría que haber conseguido una villa como la de mi amigo para contemplar la misma belleza. Phuket no me gustó tanto como esperaba. La playa mas famosa, Patong, es un espanto. ¡Súper sucia! Los olores intensos por las calles de Tailandia son muy comunes pero este área se llevó todos los premios. Las mejores playas están al norte: Bangtao, Kamala y Surin. Pero tampoco son la gran cosa. Me arrepentí de no haber visitado la isla de Koh Samui como me recomendó un mochilero turco. Sus fotos se veían preciosas, pero quedaba del otro lado, en la costa este de Phuket. Por surte, no muy lejos de la playa estaban los elefantes y me divertí mucho alimentándolos.

El quinto amanecer me sorprendió en las islas Phi Phi. Para llegar, hay que tomarse un ferry desde el puerto de Phuket y el viaje dura dos horas. Estaba muy emocionada cuando nos aproximábamos. Bajar del barco fue caótico pero me lo esperaba. Había mucha gente a bordo. Los olores seguían perturbando mi andar por las pequeñas calles de la isla pero parecía que me iba acostumbrando. Koh Phi Phi Don (la isla más grande del archipiélago) está llena de turistas jóvenes y gobernada por un clima informal y casual. A nadie parecía importarle vestirse bien. Ni si quiera peinarse. Seguramente los 35ºC y la humedad tenían algo que ver. Por las noches había bares con fiestas, música en vivo y gente borracha. Por el día muchos optaban por hacer excursiones a las otras islas más pequeñas donde se peude bucear y hacer snorkeling , o simplemente ir a la playa.

El hotel Phi Phi Princess era la mejor opción para quedarse en la isla. La comida estaba bastante rica y tenía una piscina grande frente al mar. La marea subía durante la mañana trayendo el agua muy cerca del hotel. Entonces ocurría el paisaje más bello. La mezcla del mar azul, la arena blanca y el verde de las montañas reflejaban un paraíso. Por las tardes el agua se alejaba dejando enterradas algunas canoas que se acercaban mucho a la orilla. Desafortunadamente los perritos no estaban permitidos en el resort así que Matilda se tuvo que quedar sola en otro hotel cerca de la colina. Yo tenía que subir y bajar un par de veces al día para verla y sacarla a pasear.

Las culturas asiáticas son fascinantes y vale la pena descubrirlas. Yo de momento tuve suficiente, aunque estoy apuntando a Japón para mi próxima aventura.